El choque de civilizaciones se presenta no solo como una confrontación de culturas, sino como un reflejo de la lucha inherente a la condición humana. En este teatro del conflicto, las sociedades se convierten en herramientas de dominación, donde las narrativas de sufrimiento son manipuladas y utilizadas por aquellos que tienen la capacidad de comunicar de forma masiva.
Hola de nuevo, siempre que vuelvo a escribir artículos de opinión, me entra así como un cosquilleo en las yemas de los dedos y no se por qué. ¿Será la ilusión de una libertad para criticar con cierta suspicacia y sorna a todo el que me apetece?, no lo sé, pero hoy voy a hablar de una relación de amor, una de esas que dan un poco de miedo y huelen a perfume de hombre caro, de más de 50 años.
Hoy vengo a hablar de la pareja del año: el binomio formado por Elon Musk y Donald Trump. Sin duda, se cumple el dicho de que "Dios los cría y ellos se juntan", especialmente cuando comparten tanto poder e influencia económica. Aunque pueda resultar cómica la imagen de estos dos personajes "de la mano", el trasfondo es mucho más serio. Estamos hablando de un posible futuro presidente de los Estados Unidos (por segunda vez) y de un multimillonario obsesionado con el espacio y el control del mundo de la comunicación. Esta relación puede dar lugar a varias reflexiones. Una de ellas es el inquietante control que Musk ejerce a través de su plataforma de comunicación, X. Su capacidad para movilizar masas es sin precedentes, y el impacto de sus decisiones en ese espacio es algo que no puede pasarse por alto. Por otro lado, Trump, quien ha sido objetivo de dos atentados fallidos, ha sabido sacar partido de estas situaciones para reforzar su narrativa política. Su instinto como animal político y su experiencia como empresario le han enseñado a dominar el arte del marketing y a entender que el escándalo no es más que otra forma de visibilidad y publicidad. Trump sabe perfectamente que la controversia es una herramienta poderosa para mantener su imagen en el centro del escenario mediático.
Si analizamos más detenidamente a Musk, encontramos que tiene a su disposición una red de millones de personas en la que ha logrado posicionarse en prácticamente todos los perfiles y feeds. Es prácticamente imposible no verlo o leerlo, proclamando constantemente que el mal llamado "X" —Twitter para siempre— es un espacio libre, donde ni las fuerzas extraterrestres ni los grandes medios coartan la libertad de expresión. Sin embargo, la realidad es que Musk está en todas partes, comentando sin ningún pudor sobre cualquier tema que se le antoje, y condicionando así a millones de lectores que lo consumen de manera instantánea. No tengo nada personal contra Musk, pero mi percepción cambió durante la pandemia, cuando obligó a todas las fábricas de Tesla a mantener la producción de sus vehículos a toda costa. Llegó al punto de hacer que los trabajadores vivieran y durmieran en esterillas dentro de las instalaciones, sin poder salir. Desde entonces, debo admitir, me empezó a caer un poquito mal.
Pero pasemos a hablar de nuestro personaje más flagrante en esta historia, pasemos a hablar de Trump. Este señor, expresidente de los Estados Unidos, ha sido cuanto menos una celebridad durante toda su vida, no hay nada mejor que un buen marketing para estar hasta en los anuncios del telediario, para que el populacho americano lo identifique como alguien al que idolatrar o una figura a la que seguir. Si bien Trump ha tenido encuentros desafortunados con la libertad americana y las armas en sus mitines, no podemos obviar que este ha resurgido de la máxima cancelación, atravesando a la justicia por la mitad y evadiéndose de las responsabilidades del asalto al Capitolio, o con la propia reactivación de la cuenta de twitter, donde su fiel compañero Musk tuvo mucho que ver. Pero oye, ¿ahora quién se acuerda de eso?, solo nos queda ver que pasa en noviembre, para poder comprobar si la sociedad americana ha olvidado este descontrol y todas esas irregularidades que para el son nimiedades, pues su rutina de golf no se la quita ni el FBI.
Aunque siento decir, que hay una tercera persona que se interpone en esta relación idílica de Trump y Musk, la villana de Kamala Harris, vicepresidenta en la actualidad del gobierno americano. Esta ha sido un total descubrimiento, pues tras su cara a cara, Kamala ha perdido esa imagen de cateta o bruja que Musk y su plataforma de libre expresión se ha encargado de difundir. Esta cateta que venía defenestrada por la esfera de opinión pública creada por estos dos individuos, ha servido de efecto sorpresa cuando la incoherencia de los comentarios de Trump han comenzado a hacer visible a una persona cuanto menos cualificada para el puesto que desempeña, siendo más rápida que el abuelo, enviando mensajes coherentes y respuestas contundentes, que por el lado contrario, se quiso contrarrestar con el uso excesivo del populismo sin éxito alguno, diciendo sandeces como: Se comen a nuestras mascotas..... o graves comentarios sobre el aborto.
Trump ha visto que la imagen de Kamala no es tan mala y las encuestas -con sus márgenes de error-, están bastante reñidas, lo que da cierta esperanza al partido demócrata tras la demencia que Biden dejó en su huida hacia la jubilación. Ahora, ¿qué puede pasar si Trump gana?, pues no está bien predecir el futuro, porque el destino es caprichoso y siempre te quitará la razón, pero seguramente volvamos a ver como la economía norteamericana comience de nuevo a subir, gracias a la conversión de Estados Unidos en una empresa más del millonario. Esto ya lo vivimos durante su primera legislatura, creando una amplia desigualdad como daño colateral, y no voy a dar datos porque aquí opinamos, pero si hay alguien que quiera darse un trabajito, puede pinchar en este enlace.
Por eso, cada vez que alguien me habla de las bondades de la “American way of life”, no puedo evitar sentir cierto rechazo y pensar: ¿seguirías defendiendo ese modelo si vivieras en una sociedad donde perder el empleo es tan sencillo como escuchar un “adiós, no vuelvas”? En un país donde el despido es casi automático, quedarse sin trabajo implica también perder cualquier ayuda estatal y, lo que es peor, el acceso al seguro médico, un elemento indispensable para cualquier ser humano, porque al fin y al cabo, todos nos enfermamos en algún momento. A esto se suma el grave problema de seguridad, con tasas alarmantes de homicidios en ciudades clave como Los Ángeles o Nueva York. Quizás, si se enfrentaran a estas realidades, las percepciones serían muy distintas..
En fin, solo hacer un llamamiento a la coherencia…. No busquemos explicar la realidad estadounidense desde la perspectiva eurocentrista, pues caeremos en el gravísimo error de compresión primario de antropología, creando una imagen desdeñada de la realidad. Total, es el colegio electoral de turno quién decide 😂.
Hoy no hay más reflexiones. Bisoussssss.
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