Retos para 2025: Sostenibilidad del sistema del bienestar, mejor gestión de las crisis migratorias, equilibrio de la identidad nacional y el balance con el compromiso europeo, medidas sociales efectivas y no polémicas.
El 2025 no ha llegado por sorpresa: estamos viviendo, casi como un guion preescrito, las predicciones que anticipamos en nuestras reflexiones del 2024. Entramos en este nuevo año con la mirada puesta en un futuro inmediato lleno de retos y oportunidades, mientras enfrentamos la inquietud de cambios que, para bien o para mal, ya estaban anunciados y ahora se materializan ante nosotros.
¡Al lío! Bienvenido sea el Sr. 2025, año de incertidumbre y de cambios forzados, donde la crisis económica no deja de estar presente, pero queda eclipsada por acontecimientos como el nombramiento de Trump, los impuestos mundiales, las catástrofes naturales y el ruido y la torpeza política de nuestro políticos españoles. Problemas que a largo plazo están dando como resultado una descoordinación institucional aberrante y unos efectos colaterales terribles en nuestra sociedad, donde el mayor afectado es el ciudadano. No podemos dejar de pensar en como la democracia está virando constantemente entre los valores y el morbo, entre el orden y la imposición, entre la confrontación y el poco consenso.
España como país, no solo afronta una crisis económica inflacionaria, sino también social, con altos índices de polarización ideológica y pocas oportunidades para poder dar solución al modo de vida individualista en el que coexistimos. Estamos llegando a unos puntos de histeria donde no logramos encontrar consenso ni en nosotros mismos, no logramos llegar a buen término con el semejante y no cuidamos el bienestar común por el esfuerzo que supone ser amable y empatizar con el de al lado.
La coherencia es un bien que se presta caro hoy en día, pues lo que es coherente para unos no lo es para otros, cuando el propio término “coherencia” nos enuncia consenso entre creencias o proposiciones, las cuales, si hablamos de las preocupaciones generales entre los jóvenes y no tan jóvenes, son semejantes en el groso de la sociedad. El contexto actual nos lleva a la deriva en muchos ámbitos que antes se cubrían no con mayor facilidad, pero sí con mayor rapidez. La madurez ya no va implícita en la edad, va implícita en la capacidad económica que tenga la persona para salir del nido, para poder sostenerse uno mismo sin necesidad de ayuda de nadie.
¡Cuanto drama! Ya sabéis que no me gusta la negatividad ni el pesimismo, que soy más de sarcasmo y sorna, pero hay veces que ver la realidad desde un punto agridulce puede dar lugar a la reflexión y a la toma de acción. Lo que esté por llegar, que sea bueno.
Bienvenido sea el 2025, año de grandes expectativas y de mejoras (esperemos), que chismorreo y ruido nos sobra.
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