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El fin justifica los medios. La izquierda se casó con el poder, y el poder, se divorció de la mayoría.

Aunque el título pueda generar polémica, comprendo que la connotación del mismo es verídica. La izquierda, se ha casado con el poder.
 
No me mal interpretéis, no soy defensor de un lado ni de otro, aunque claro está que tengo mis preferencias hacia el desarrollo social y hacia la equidad en todos sus ámbitos, pero he de ser consciente de que la política desde sus inicios ha sido una lucha encarnizada por el poder y su mantenimiento. Por ello, haciendo de tripas corazón, he de contemplar como un partido que ha traído tanto avance social a España y que ha procurado bienestar para tantas personas con sueldos precarios, abuelos con pensiones bajas o una amplia protección social en ayudas para estudiar y para el avance de los jóvenes, cumple con las líneas maquiavélicas que tanto han ennegrecido el devenir político de las democracias europeas. 

Que quede claro, las sociedades avanzan y no menosprecio la causa catalanista y menos a todos aquellos que la sientan, pues cada uno, dentro de una democracia como es la española, puede sentirse como quiera y expresar como quiera, claro está sin malversación de bienes públicos por causas ideológicas o el quebrantamiento de leyes que atentan contra la integridad de una constitución -ya no digo de un país-, pero ya podemos estar tranquilos, porque todos estos delitos quedarán silenciados y amordazados con la ley del perdón.
 
Cambiando un poco de tema, solo queda reconocer que aun habiendo votado “progreso”, la calma y la mesura en el ámbito político ha dejado de jugar un papel protagonista. Quizá nunca lo hubo, pues mi pensamiento crítico sobre el momento y la sociedad actual no abarcan tiempos más allá de mi conocimiento o vivencia, pero quiero comprender que si lo hubo en algún momento. No por ello, podemos dejar que nuestra parte más irracional se deje llevar por la falsa creencia de que esto es una lucha contra Cataluña o contra sus habitantes, ya que el sentimiento de odio, es el arma que mejor utiliza política incluso en situaciones civilizadas.  

A colación de esto, es curioso como hace pocos días revisaba papeles en mi ordenador y encontraba un escrito de Samuel P. Huntington, donde decía que las guerras y luchas del presente ya no vendrían por un las viejas ansias territoriales inconexas  o intereses económicos que comprenden ámbitos terrenales, sino por el choque de las civilizaciones, de la imposición del telón de terciopelo cultural que acabará con la estabilidad de las sociedades que habitan este  planeta, volviendo a nacer aquellas batallas tan odiosas entre religiones e ideologías, como en siglos pasados. 

Si bien mi reflexión de hoy puede ser un tanto grotesca con el aspecto catalán, he de reconocer que mis palabras no quitan el respeto profundo que tengo por todas aquellas personas que luchan por una causa que creen justa, la cual, tampoco nos afecta a nivel individual, quiero decir, no matan a nadie, solo buscan lo que creen justo para ellos dentro de la realidad cultural que han vivido en su comunidad y en su sociedad, la cual muchas veces es incomprensible por personas que viven realidades culturales muy distintas. 

Si analizamos la situación, comprendemos como España está sufriendo un choque cultural sin precedentes, avivado por una oportunidad partidista que ha logrado situar en primer plano dentro de la agenda política, el problema nacionalista catalán. Porque aunque queramos pensar que el problema catalán tiene solución a través del perdón divino del presidente o a través de reformas legislativas poco coherentes con el fin de la constitución, solo estamos parcheando una realidad quebrantada dentro de la sociedad catalana que se siente -sí, he dicho siente- distinta (obviamente todas son distintas, pero hablamos de esa necesidad incipiente e histórica de estar separados del resto, de tener un halo de pseudovictimismo por no tener el reconocimiento que estos creen merecer constantemente) a otras comunidades autónomas. Por supuesto, no quiero pecar de excesiva opinión atolondrada por titulares que vienen y van o por el odio que he visto en redes, sin más, solo expreso lo que me han mostrado mis allegados catalanes, los cuales cuentan con disparidad de opiniones entre unos y otros. Estas opiniones tan distintas solo confluyen o coinciden en una vertiente, la del nacionalismo, ya que aun teniendo una visión opuesta, el sentimiento de pertenencia catalana a su territorio es tan fuerte, que trasladado al resto del país comprendería un sentimiento de pertenencia al mismo comparable al culto estadounidense con su patria. 

En fin, para terminar, solo me queda escupir unas pequeñas lineas que llevo pensando varios días…. Pues queda demostrado como la política, aun jugando un papel indispensable en nuestras vidas, no deja de tener ese lado rancio, donde se permite que el fin justifique los medios.  Podemos ver en estos tiempos tan confusos como partidos de izquierdas pactan con partidos de derechas catalanes, como el uso del lenguaje se ve desprovisto de su verdadero significado y como la manipulación juega un papel notorio en los medios. Pero bueno, supongo que este post, donde expreso mi opinión, levantará alguna que otra molestia incluso entre mis amigos catalanes, los cuales conocen mi perspectiva neutral pero crítica….. hasta otra. 

    

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